La mayoría de las PyMEs argentinas que procesan facturas lo hacen del mismo modo: alguien abre el mail, descarga el PDF, copia los datos a una planilla, verifica contra el sistema contable, aprueba o marca excepción. Para un volumen chico es tolerable. Para 500 facturas al mes es un trabajo de tiempo completo que nadie quiere hacer.
Peor: las facturas llegan en formatos distintos — cada proveedor con su propio layout, algunas como PDF, algunas como imagen escaneada, algunas en el cuerpo del mail. Los sistemas tradicionales de OCR fallan con esa variedad. Los modelos de lenguaje modernos, no.